martes, 29 de julio de 2014

Sol, solito...

El Sol es fuente de energía y de vida, necesario para que la Tierra siga albergando miles de seres vivos y fenómenos. El hombre ha buscado miles de explicaciones y conocimiento sobre el Sol, creando leyendas y estudios sobre él, porque siempre se ha sabido lo importante que es. Entre otras cosas, el sol el fuente de salud física y psicológica para los humanos...

Helios, Ra, Apolo, Kinich Ahau, Tonatiuh, Surya... El Sol ha tenido muchos nombres y representado múltiples divinidades a lo largo de la historia.

Sabemos que en los países de muy al norte, donde apenas hay luz solar (Noruega, Finlandia, Suecia...) el índice de casos de depresión y suicidio es más alto en comparación con países que tienen más horas de sol, y es que debe de ser muy triste que diez meses al año sea de noche, como el que dice. La luz solar nos proporciona la cantidad adecuada de vitamina D, necesaria para el buen funcionamiento de un cerebro saludable. Además, recibir una cantidad necesaria de luz solar (no hay que pasarse y hacer el guiri poniéndose colorao...) nos motiva y anima a hacer más actividades, muchas de ellas con amigos o familia, lo que refuerza nuestras relaciones sociales. El sol hace que nuestro cerebro libere serotonina y endorfina, los mismos neurotransmisores que cuando reímos, hacemos ejercicio o nos sentimos enamorados. Además, cuando nos exponemos a la luz solar, especialmente en verano, nuestra piel se pone más morena y el pelo aclara ligeramente, lo que nos hace sentir más atractivos y nos da más confianza en uno mismo.

Así que ya sabéis, con estos días tan buenos de sol que está haciendo y lo agradable que es pasear por el campo, salid a disfrutar de la mañana o la tarde a tomar vitamina... ¡y sed felices!

sábado, 22 de febrero de 2014

Algún día...

El día menos pensado voy a ser yo quien abandone a un humano. La que decida "lárgate, que ya no me sirves y nunca te he querido de verdad". A quien no le importe qué será de la vida de ese humano abandonado, porque no tenga vergüenza, sentimientos ni conciencia.

A ti, abandonador, me gustaría traerte a tu perro, al que has dejado tirado en cualquier perrera entre ruidos, frío, miedo e insalubridad. Me gustaría decirte las calamidades por las que pasa cada día, lo solo que se siente, las enfermedades que haya pasado, las heridas que le hayan curado. Y lo preocupante es que, en algunos casos, te echan de menos, a pesar de lo cruel que has sido. Tú, que no sientes ni padeces, me gustaría que fueras tú mismo el que entierre el cuerpo del que fue tu perro, porque ha muerto de alguna enfermedad, porque se ha enzarzado en una pelea que ha perdido, porque se contagió de leishmania, porque se ha vuelto tan agresivo que era inmanejable, o peor, ha muerto ya de viejo, porque nadie quiso darle otra oportunidad.



A ti, maltratador, me gustaría que sintieras el miedo que tiene este animal por culpa de tus golpes. ¿Qué digo miedo? Algunos sufren auténtico TERROR, su vida es una constante pesadilla. Tus patadas, tus gritos, tu cadena que le ataba a una pared, tu falta de responsabilidad y tu falta de sensibilidad al verle morir de frío o hambre, han hecho que este perro no pueda volver a fiarse de un humano nunca más. Que ahora que ha cicatrizado la herida que has dejado alrededor de su cuello, le deja marcado de por vida por fuera y por dentro. Somos nosotros, quienes amamos a los animales, los que intentamos arreglar lo que tú destruiste: sus ganas de vivir, su personalidad, y su capacidad para disfrutar de cualquier juego, caricia o comida. Somos nosotros los que nos dejamos la piel y nos rompemos la cabeza pensando cómo hacer para recuperar a ese perro, que cada vez que le miras se esconde y mete el rabo (si no se lo has mutilado, claro) entre las patas, que camina como deseando que nadie se dé cuenta de que está ahí, y que a cada gesto agacha la cabeza, como esperando recibir otro golpe.



A ti, que utilizas a tus perros como herramientas y que tratas como tal, que no te importa si tiene miedo o necesita una caricia, y que cuando deja de ser útil, o pequeño, o mono, lo atas a un árbol, lo matas directamente o lo abandonas en una carretera (que, al fin y al cabo, son todos lo mismo). Me gustaría que sintieras en tus carnes esa soledad, ese miedo y esa necesidad de buscarse la vida para sobrevivir.



A ti, que te compraste un pitbull y no supiste educarlo, y lo sacrificas porque "es muy agresivo y peligroso". A ti, que le regalaste a tus hijos un cachorro por Navidad y ya se han cansado, y lo dejas en una perrera. A ti, que quisiste un perro de raza para fanfarronear con tus conocidos, y lo tienes malviviendo en un balcón o solo en el garaje.



Se me cae el alma a los pies cuando veo a todos estos perros, cuando los dejo en el chenil, cuando te miran a los ojos suplicando que le saques y no vuelvas a separarte de él. Yo les pido perdón por haber topado con la vergüenza de la raza humana, pero deberíais ser vosotros quienes se avergonzaran, se arrepintieran, quienes pidieran perdón e intentaran arreglar las calamidades que han provocado.

A todos vosotros, os deseo mucho karma, porque la vida devuelve lo que cada uno da.

lunes, 27 de enero de 2014

Lunes con poesía

Me gusta decorar mis lunes leyendo algo que me emocione y me conmueva para combatir el sopor del comienzo de la semana. Si a vosotros también os gusta, disfrutaréis como yo leyendo un fragmento de mi poeta favorito, Pedro Salinas. Lo que más me gusta de sus poemas es que la mayoría me llevan a pensar en mis perretes del refugio, en mis mascotas, en cualquier animal por el que merece siempre la pena luchar... Estoy segura de que si los animales pudieran expresar sus sentimientos, oírles sería verdadera poesía.

Este, el poema 62 de su libro "La voz a ti debida" (1933), me hace pensar en que yo no elegí a Melón cuando decidí adoptarle de entre los 300 perros que había en el CIAAM, sino que él me eligió a mí. Cuando se producen estos encuentros mágicos, donde la conexión fluye como el agua y las palabras o el tiempo sobran para conocerse, no es que hayamos elegido a alguien, sea una pareja, un amigo o una mascota... Es que estaba destinado a ocurrir, porque creo que nada ocurre por casualidad. ¿Os ha pasado alguna vez algo parecido? :)

"Cuando tú me elegiste
-el amor eligió- 
salí del gran anónimo 
de todos, de la nada. 
Hasta entonces 
nunca era yo más alto 
que las sierras del mundo. 
Nunca bajé más hondo 
de las profundidades 
máximas señaladas 
en las cartas marinas. 
Y mi alegría estaba 
triste, como lo están 
esos relojes chicos, 
sin brazo en que ceñirse 
y sin cuerda, parados. 
Pero al decirme: “tú” 
-a mí, sí, a mí, entre todos-, 
más alto ya que estrellas 
o corales estuve. 
Y mi gozo 
se echó a rodar, prendido 
a tu ser, en tu pulso. 
Posesión tú me dabas 
de mí, al dárteme tú. 
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo? 
Sé que te volverás 
atrás. Cuando te vayas 
retornaré a ese sordo 
mundo, sin diferencias, 
del gramo, de la gota, 
en el agua, en el peso. 
Uno más seré yo 
al tenerte de menos. 
Y perderé mi nombre, 
mi edad, mis señas, todo 
perdido en mí, de mí. 
Vuelto al osario inmenso 
de los que no se han muerto 
y ya no tienen nada 
que morirse en la vida."

viernes, 24 de enero de 2014

MELÓN: su historia, nuestra historia

Este es Melón, y esta es su historia...

Melón pertenecía a alguien que tenía una empresa en una nave industrial en Villaconejos, vivía vigilando esa nave mañana tarde y noche, hasta que la empresa cerró y el dueño le dejó a su suerte. Fue rescatado junto con su "mujer", Rotonda, y el cachorro de ambos, Shoya. Quienes fueron a recogerles dicen que al llegar no les veían porque se habían escondido tras unos arbustos. Melón no dejaba que nadie se acercara, así que hubo que sedarles con cervatana, y aún quedándose medio dormido, él hacía por seguir protegiendo a su familia... Shoya tenía mucho miedo cuando llegó así que se fue en acogida para que le socializaran, y poco después fue adoptado.

Melón y Rotonda, una parejita entrañable

Cuentan que Rotonda y Melón eran tan buena pareja, que cada vez que llegaba una camada se la dejaban a ellos para que la criaran. Al llegar les encantaba salir a jugar a los patios, pero al parecer Melón llevaba fatal lo de ponerle correa: en cuanto algo le rodeaba el cuello, se tiraba al suelo y no se movía. Melón debía de tener unos 9 años y Rotonda, que era algo mayor, estaba peor de salud y le costaba más salir a pasear, así que Melón siempre paraba para esperarla y no dejarla sola ni un momento. Rotonda murió varios meses después, fue cuando Melón además se contagió de sarna, le salió un bulto en la cabeza que hubo que extirparle... Pasó de ser un abuelete simpático y vital a ser un perro apagado y tristón. Incluso llegó a meterse en algunas peleas con otros perros. Le pusieron de compi a una mastina también mayor para ver si se le pasaba la morriña, pero a Melón le daba igual. Adoptaron a esa mastina, y como Melón estaba empezando a tener muy mal carácter y ser dominante con otros perros, le metieron con un pequeño bull terrier, con mucho carácter también, para que se le bajaran los humos. Efectivamente Melón se tranquilizó, aunque de vez en cuando se peleaban...

Melón y Espartaco: mi chenil favorito

A todo esto, yo empecé de voluntaria en Enero de 2013. Nada más llegar el primer perro que vi y al que tuve que pasear, fue a él. Tan grande, tan negro, tan mestizo... Me miró con esos ojos, tan marrones como los míos, con esas orejas tan distintivas, caminando tan lento, tan triste... Me caló hasta el fondo ese encuentro, fue verdadero amor a primera vista. Todos los días que iba de voluntaria tenía que pasar por el chenil para ver a Melón, y siempre que podía le sacaba de paseo. O lo intentaba, ya que después de fallecer Rotonda Melón no quería salir de paseo para nada. Los voluntarios conseguíamos que saliera a los patios, pero cuando tocaba ir a pasear Melón se clavaba en el suelo y no había quien le moviera apenas unos metros. Poco a poco se paraba antes y el paseo era cada vez más corto, hasta que llegó un punto en el que cuando salía del patio quería ir directamente al chenil.

Me partía el alma verle tan apagado, no podía cargar con eso en mi conciencia. Trabajé con él cuanto pude, conseguí que al menos saliera conmigo a pasear, aunque fuera muy poquito. En verano ya no quería ni salir del chenil, ya no me recibía con alegría y el rabito en movimiento como solía hacer. Ni levantarse del suelo para salir a saludar. Definitivamente, Melón había perdido las ganas de vivir, y literalmente se moría de pena. En ese momento empezó mi campaña: tenía que adoptar a Melón cuanto antes, fuera como fuera, costara lo que costara. Hasta que convencí a mis padres me dedicaba a levantarle el ánimo todos los días llevándole premios (es un gordo tragón, las salchichas y galletas le pierden), le sacaba aunque fuera a sentarnos en el suelo juntos, todos los días le cantaba canciones que inventaba con su nombre... Todos los días hacía el payaso, pero conseguía que Melón saliera del chenil y disfrutara un ratito conmigo.

Largas tardes de sol y mimos...

Mis padres no iban a dejarme adoptar a Melón porque ya tengo dos gatas y a Tyson... pero no podía dejarle tirado, le había prometido que le sacaría pronto del centro para venir a mi casa. Es muy grande y muy mayor, porque doce años para un cruce de mastín son muchos, pero con que sobreviviera dos meses conmigo yo sería feliz. Costó sudor y lágrimas, pero lo conseguí: Melón llegó el 20 de septiembre de 2013, cuando ya llevaba tres años y seis días en el centro.

Los primeros días sólo quería estar en ese rincón, así que Tyson le hacía compañía

Tenía mucho miedo de que Tyson y Melón se llevaran mal, que Melón atacara a mis gatas, que no mejorara y solo empeorara... Confiaba en que Melón se portaría bien y su humor cambiaría, y acerté: respeta mucho a las gatas, no ha roto nada, se lleva fenomenal con Tyson, y cada día que pasa tiene más ganas de vivir, de jugar, de disfrutar de la vida. No sólo ha recuperado las ganas de pasear sino que ahora quiere salir a correr todos los días, o explorar los miles de olores que esconde el campo.

A Huma no le hizo mucha gracia al principio... ¡Su sofá es suyo!

No sé si Melón vivirá muchos o pocos años... pero yo reboso felicidad porque en la recta final de su vida le estoy dando los mejores años. Él no había tenido la oportunidad de tener una casa, no sabía lo que es tener un amo que le quiera, le respete y le cuide, no sabía qué era sentirse libre. Yo soñaba con poder abrazar todos los días a ese viejito que me conquistó, poder demostrarle que no está solo en la vida, porque yo le quería con todo mi corazón. Me lo imaginaba paseando con Tyson y conmigo, me lo imaginaba roncando en mi habitación, hasta tenía la sensación de que esta cerca aún cuando estaba en el centro. No me importa si Melón vive pocos años, porque he cumplido con mi sueño de hacerle feliz... y esa sensación es indescriptible, inigualable e insuperable.

Te quiero abuelonchi

Desde aquí quiero animar a todo el que lea este post a adoptar a un perro senior, y decir que nunca hay que darse por vencido con ningún perro. En el centro pensaban que nunca saldría adoptado porque era muy mayor, enorme, negro, de pelo largo, mestizo, poco cariñoso, algo cascarrabias y nada activo... Hasta que nos conocimos, y ahora los dos somos más felices que nunca.



NO COMPRES, ADOPTA