Este es Melón, y esta es su historia...
Melón pertenecía a alguien que tenía una empresa en una nave industrial en Villaconejos, vivía vigilando esa nave mañana tarde y noche, hasta que la empresa cerró y el dueño le dejó a su suerte. Fue rescatado junto con su "mujer", Rotonda, y el cachorro de ambos, Shoya. Quienes fueron a recogerles dicen que al llegar no les veían porque se habían escondido tras unos arbustos. Melón no dejaba que nadie se acercara, así que hubo que sedarles con cervatana, y aún quedándose medio dormido, él hacía por seguir protegiendo a su familia... Shoya tenía mucho miedo cuando llegó así que se fue en acogida para que le socializaran, y poco después fue adoptado.
Melón y Rotonda, una parejita entrañable
Cuentan que Rotonda y Melón eran tan buena pareja, que cada vez que llegaba una camada se la dejaban a ellos para que la criaran. Al llegar les encantaba salir a jugar a los patios, pero al parecer Melón llevaba fatal lo de ponerle correa: en cuanto algo le rodeaba el cuello, se tiraba al suelo y no se movía. Melón debía de tener unos 9 años y Rotonda, que era algo mayor, estaba peor de salud y le costaba más salir a pasear, así que Melón siempre paraba para esperarla y no dejarla sola ni un momento. Rotonda murió varios meses después, fue cuando Melón además se contagió de sarna, le salió un bulto en la cabeza que hubo que extirparle... Pasó de ser un abuelete simpático y vital a ser un perro apagado y tristón. Incluso llegó a meterse en algunas peleas con otros perros. Le pusieron de compi a una mastina también mayor para ver si se le pasaba la morriña, pero a Melón le daba igual. Adoptaron a esa mastina, y como Melón estaba empezando a tener muy mal carácter y ser dominante con otros perros, le metieron con un pequeño bull terrier, con mucho carácter también, para que se le bajaran los humos. Efectivamente Melón se tranquilizó, aunque de vez en cuando se peleaban...

Melón y Espartaco: mi chenil favorito
A todo esto, yo empecé de voluntaria en Enero de 2013. Nada más llegar el primer perro que vi y al que tuve que pasear, fue a él. Tan grande, tan negro, tan mestizo... Me miró con esos ojos, tan marrones como los míos, con esas orejas tan distintivas, caminando tan lento, tan triste... Me caló hasta el fondo ese encuentro, fue verdadero amor a primera vista. Todos los días que iba de voluntaria tenía que pasar por el chenil para ver a Melón, y siempre que podía le sacaba de paseo. O lo intentaba, ya que después de fallecer Rotonda Melón no quería salir de paseo para nada. Los voluntarios conseguíamos que saliera a los patios, pero cuando tocaba ir a pasear Melón se clavaba en el suelo y no había quien le moviera apenas unos metros. Poco a poco se paraba antes y el paseo era cada vez más corto, hasta que llegó un punto en el que cuando salía del patio quería ir directamente al chenil.
Me partía el alma verle tan apagado, no podía cargar con eso en mi conciencia. Trabajé con él cuanto pude, conseguí que al menos saliera conmigo a pasear, aunque fuera muy poquito. En verano ya no quería ni salir del chenil, ya no me recibía con alegría y el rabito en movimiento como solía hacer. Ni levantarse del suelo para salir a saludar. Definitivamente, Melón había perdido las ganas de vivir, y literalmente se moría de pena. En ese momento empezó mi campaña: tenía que adoptar a Melón cuanto antes, fuera como fuera, costara lo que costara. Hasta que convencí a mis padres me dedicaba a levantarle el ánimo todos los días llevándole premios (es un gordo tragón, las salchichas y galletas le pierden), le sacaba aunque fuera a sentarnos en el suelo juntos, todos los días le cantaba canciones que inventaba con su nombre... Todos los días hacía el payaso, pero conseguía que Melón saliera del chenil y disfrutara un ratito conmigo.
Largas tardes de sol y mimos...
Mis padres no iban a dejarme adoptar a Melón porque ya tengo dos gatas y a Tyson... pero no podía dejarle tirado, le había prometido que le sacaría pronto del centro para venir a mi casa. Es muy grande y muy mayor, porque doce años para un cruce de mastín son muchos, pero con que sobreviviera dos meses conmigo yo sería feliz. Costó sudor y lágrimas, pero lo conseguí: Melón llegó el 20 de septiembre de 2013, cuando ya llevaba tres años y seis días en el centro.
Los primeros días sólo quería estar en ese rincón, así que Tyson le hacía compañía
Tenía mucho miedo de que Tyson y Melón se llevaran mal, que Melón atacara a mis gatas, que no mejorara y solo empeorara... Confiaba en que Melón se portaría bien y su humor cambiaría, y acerté: respeta mucho a las gatas, no ha roto nada, se lleva fenomenal con Tyson, y cada día que pasa tiene más ganas de vivir, de jugar, de disfrutar de la vida. No sólo ha recuperado las ganas de pasear sino que ahora quiere salir a correr todos los días, o explorar los miles de olores que esconde el campo.
A Huma no le hizo mucha gracia al principio... ¡Su sofá es suyo!
No sé si Melón vivirá muchos o pocos años... pero yo reboso felicidad porque en la recta final de su vida le estoy dando los mejores años. Él no había tenido la oportunidad de tener una casa, no sabía lo que es tener un amo que le quiera, le respete y le cuide, no sabía qué era sentirse libre. Yo soñaba con poder abrazar todos los días a ese viejito que me conquistó, poder demostrarle que no está solo en la vida, porque yo le quería con todo mi corazón. Me lo imaginaba paseando con Tyson y conmigo, me lo imaginaba roncando en mi habitación, hasta tenía la sensación de que esta cerca aún cuando estaba en el centro. No me importa si Melón vive pocos años, porque he cumplido con mi sueño de hacerle feliz... y esa sensación es indescriptible, inigualable e insuperable.
Te quiero abuelonchi
Desde aquí quiero animar a todo el que lea este post a adoptar a un perro senior, y decir que nunca hay que darse por vencido con ningún perro. En el centro pensaban que nunca saldría adoptado porque era muy mayor, enorme, negro, de pelo largo, mestizo, poco cariñoso, algo cascarrabias y nada activo... Hasta que nos conocimos, y ahora los dos somos más felices que nunca.
NO COMPRES, ADOPTA