Me gusta decorar mis lunes leyendo algo que me emocione y me conmueva para combatir el sopor del comienzo de la semana. Si a vosotros también os gusta, disfrutaréis como yo leyendo un fragmento de mi poeta favorito, Pedro Salinas. Lo que más me gusta de sus poemas es que la mayoría me llevan a pensar en mis perretes del refugio, en mis mascotas, en cualquier animal por el que merece siempre la pena luchar... Estoy segura de que si los animales pudieran expresar sus sentimientos, oírles sería verdadera poesía.
Este, el poema 62 de su libro "La voz a ti debida" (1933), me hace pensar en que yo no elegí a Melón cuando decidí adoptarle de entre los 300 perros que había en el CIAAM, sino que él me eligió a mí. Cuando se producen estos encuentros mágicos, donde la conexión fluye como el agua y las palabras o el tiempo sobran para conocerse, no es que hayamos elegido a alguien, sea una pareja, un amigo o una mascota... Es que estaba destinado a ocurrir, porque creo que nada ocurre por casualidad. ¿Os ha pasado alguna vez algo parecido? :)
"Cuando tú me elegiste
-el amor eligió-
salí del gran anónimo
de todos, de la nada.
Hasta entonces
nunca era yo más alto
que las sierras del mundo.
Nunca bajé más hondo
de las profundidades
máximas señaladas
en las cartas marinas.
Y mi alegría estaba
triste, como lo están
esos relojes chicos,
sin brazo en que ceñirse
y sin cuerda, parados.
Pero al decirme: “tú”
-a mí, sí, a mí, entre todos-,
más alto ya que estrellas
o corales estuve.
Y mi gozo
se echó a rodar, prendido
a tu ser, en tu pulso.
Posesión tú me dabas
de mí, al dárteme tú.
Viví, vivo. ¿Hasta cuándo?
Sé que te volverás
atrás. Cuando te vayas
retornaré a ese sordo
mundo, sin diferencias,
del gramo, de la gota,
en el agua, en el peso.
Uno más seré yo
al tenerte de menos.
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida."
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