martes, 19 de noviembre de 2013

Nam myoho renge kyo

¿Alguna vez os habéis preguntado qué es eso de los chakras de los que tanto se oye hablar últimamente? Según la religión hindú y otras culturas asiáticas, son centros donde se concentra una cantidad de energía tan grande que no puede medirse. En el cuerpo humano se ubican siete chakras (seis según el hinduismo), a cada uno se le asigna un color, un pétalo, un mantra, un dios y unos órganos del cuerpo sobre los que ejerce su energía.




Los seis chakras del hinduismo son:
Mula-adhará ('sostén de la raíz'), la zona entre el ano y los genitales.
Sua adhisthana ('su propio lugar de estar'), región umbilical.
Maní-pura ('joya-ciudad'), punta del estómago o epigastrio.
An-ajata (‘no-herido’ o ‘no-golpeado’), la raíz de la nariz.
Vi-shudha (‘muy puro’), el hueco entre los senos frontales (dentro de la nariz).
Agña-akhia (‘conocer por el entendimiento’), el bregma (unión de las suturas coronal y sagital, en el cráneo); en esos huecos se supone que existen varias facultades y divinidades.

En el marco de la teosofía (creencia esotérica occidental contemporánea) se considera que los chakras no son seis sino siete, siendo el séptimo el sajasra-ara (‘mil-rayos [de una rueda]’), con la forma de una flor de loto invertida, que se encuentra en la cabeza. Este, por ser el último, se considera a veces el más importante o a veces el menos importante.




Los que me conocéis ya lo sabéis, me encanta decir al menos cincuenta veces al día take it easy (algo así como "tranqui tronco"), transmitir paz y sosiego cuando las cosas no van bien, y más en tiempos de mucho estrés, angustia, miedos y etcéteras varios. Estamos todos un poco tensos últimamente, así que es mejor no ponerse más nerviosos, respirar hondo y empezar a hacer meditación budista tibetana.

Buscad un lugar tranquilo, silencioso, donde nadie pueda interrumpir o molestar. Tomad una postura cómoda: para mí la mejor es sentarse con las piernas cruzadas (sin que nuestro propio peso las haga entumecer), los brazos sobre las rodillas con las palmas extendidas y sin apoyar la espalda. Todo vuestro cuerpo debe estar a gusto, tranquilo y listo para empezar a meditar; que no haya un grupo de músculos en tensión, ni dé calambres, ni haya que aguantar una postura forzada. Cuerpo relajado, respiración profunda y mente en blanco. 

A mí me gusta repetir mantras cortos, sencillos y que resuenen mucho (vocales cerradas, consonantes como la "m")... Me quedo meditando hasta que algo me interrumpe, hasta que suene la alarma (porque cuando le coges el truco dos horas parecen dos minutos) o hasta que mi mente decide que ya está en paz y lista para continuar con mis quehaceres.



Si os ralláis con el clásico "aum/om", probad con los mantras "Aum namaha shivay vyanah", "Om mani padme hum", o con mi favorito: "Nam myoho renge kyo", también llamado daimoku, que constituye el mantra base de la meditación budist. 

Así que ya sabéis, relax, take it easy, y meditad con el mantra que buenamente os apetezca. A veces el rollito de la meditación y la cultura/religiones asiáticas vienen fetén para despejar la mente (qué zen estoy desde que empecé con el mindfulness oye...). 

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