martes, 19 de noviembre de 2013

Nam myoho renge kyo

¿Alguna vez os habéis preguntado qué es eso de los chakras de los que tanto se oye hablar últimamente? Según la religión hindú y otras culturas asiáticas, son centros donde se concentra una cantidad de energía tan grande que no puede medirse. En el cuerpo humano se ubican siete chakras (seis según el hinduismo), a cada uno se le asigna un color, un pétalo, un mantra, un dios y unos órganos del cuerpo sobre los que ejerce su energía.




Los seis chakras del hinduismo son:
Mula-adhará ('sostén de la raíz'), la zona entre el ano y los genitales.
Sua adhisthana ('su propio lugar de estar'), región umbilical.
Maní-pura ('joya-ciudad'), punta del estómago o epigastrio.
An-ajata (‘no-herido’ o ‘no-golpeado’), la raíz de la nariz.
Vi-shudha (‘muy puro’), el hueco entre los senos frontales (dentro de la nariz).
Agña-akhia (‘conocer por el entendimiento’), el bregma (unión de las suturas coronal y sagital, en el cráneo); en esos huecos se supone que existen varias facultades y divinidades.

En el marco de la teosofía (creencia esotérica occidental contemporánea) se considera que los chakras no son seis sino siete, siendo el séptimo el sajasra-ara (‘mil-rayos [de una rueda]’), con la forma de una flor de loto invertida, que se encuentra en la cabeza. Este, por ser el último, se considera a veces el más importante o a veces el menos importante.




Los que me conocéis ya lo sabéis, me encanta decir al menos cincuenta veces al día take it easy (algo así como "tranqui tronco"), transmitir paz y sosiego cuando las cosas no van bien, y más en tiempos de mucho estrés, angustia, miedos y etcéteras varios. Estamos todos un poco tensos últimamente, así que es mejor no ponerse más nerviosos, respirar hondo y empezar a hacer meditación budista tibetana.

Buscad un lugar tranquilo, silencioso, donde nadie pueda interrumpir o molestar. Tomad una postura cómoda: para mí la mejor es sentarse con las piernas cruzadas (sin que nuestro propio peso las haga entumecer), los brazos sobre las rodillas con las palmas extendidas y sin apoyar la espalda. Todo vuestro cuerpo debe estar a gusto, tranquilo y listo para empezar a meditar; que no haya un grupo de músculos en tensión, ni dé calambres, ni haya que aguantar una postura forzada. Cuerpo relajado, respiración profunda y mente en blanco. 

A mí me gusta repetir mantras cortos, sencillos y que resuenen mucho (vocales cerradas, consonantes como la "m")... Me quedo meditando hasta que algo me interrumpe, hasta que suene la alarma (porque cuando le coges el truco dos horas parecen dos minutos) o hasta que mi mente decide que ya está en paz y lista para continuar con mis quehaceres.



Si os ralláis con el clásico "aum/om", probad con los mantras "Aum namaha shivay vyanah", "Om mani padme hum", o con mi favorito: "Nam myoho renge kyo", también llamado daimoku, que constituye el mantra base de la meditación budist. 

Así que ya sabéis, relax, take it easy, y meditad con el mantra que buenamente os apetezca. A veces el rollito de la meditación y la cultura/religiones asiáticas vienen fetén para despejar la mente (qué zen estoy desde que empecé con el mindfulness oye...). 

martes, 12 de noviembre de 2013

Alzheimer: la desgracia cerebral

Siempre he pensado que lo peor que le puede pasar a alguien es padecer una enfermedad mental. Peor que un cáncer, peor que una tetraplejía, peor que un infarto, peor que un tumor... siempre, siempre será peor una enfermedad mental que una enfermedad física. Sí, el dolor corporal es horrible en muchas de estas enfermedades, pero el hombre es capaz de soportar unidades de dolor que sobrepasan lo humano, a veces ocurren milagros con las enfermedades, a veces puede paliarse el dolor. En ocasiones las enfermedades físicas causan la muerte, pero aún así, sigo pensando que lo peor que puede ocurrirle a alguien, es sufrir de enfermedad mental. No importa cual, todas son horribles. Trastornos de personalidad, trastornos por ansiedad, traumas, trastornos psicóticos o del estado de ánimo... todos ellos provocan un sufrimiento terrible en quien lo padece, y generalmente también a las personas más cercanas al afectado como la familia y los amigos.

Hoy quiero escribir sobre la demencia senil o enfermedad/mal de Alzheimer, porque creo que es uno de los peores trastornos que puede haber. Irreversible, imparable y devastador.

Tal y como describió hace poco más de un siglo Alois Alzheimer, es una enfermedad neurodegenerativa de curso progresivo que se caracteriza por la presencia de alteraciones cognitivas, siendo la pérdida de memoria episódica para hechos recientes el síntoma principal. Esto afecta de forma intensa a la vida social y laboral del paciente, impidiéndole llevar a cabo sus actividades habituales o que había realizado previamente con eficacia. El curso clínico es variable con una duración entre 5 y 20 años.

En la actualidad, la Enfermedad de Alzheimer es la primera causa de demencia en el mundo. Acorde con las perspectivas demográficas actuales, se espera que la proporción de individuos ancianos mayores de 60 años aumente de forma exagerada en las últimas décadas. Citando algunas cifras, se estiman que existen 14 millones de personas en el mundo padeciendo algún tipo de demencia. En España se encuentran afectadas cerca de 800.000 personas, de los cuales una tercera parte de ellas podrían no estar diagnosticadas. Esta situación se convertirá en uno de los grandes retos a los que tendrá que enfrentarse la sociedad en las próximas décadas.

Algunos factores predisponentes al Alzheimer son factores genéticos, alteraciones en los neurotransmisores, factores infecciosos, causas tóxicas, factores estructurales, vasculares... Es una demencia de tipo primario degenerativa, de carácter progresivo y etiopatogenia múltiple. Se caracteriza por la muerte masiva y localizada de neuronas, comenzando a degenerar por la corteza entorrinal y continuando por el hipocampo y regiones corticales. Esta degeneración se debe a la acumulación de dos estructuras aberrantes en los cerebros de los pacientes: las placas seniles (PSs), cuyo principal componente proteínico es el péptido amiloide β; y los ovillos neurofibrilares (ONFs), cuyo principal componente proteínico es la proteína τ (tau). Estas estructuras pueden encontrarse también en cerebros de ancianos sanos, aunque en menor cantidad y localizados en otras zonas cerebrales, por lo que el número y densidad de dichas estructuras concuerda con el GDS (Global Deterioration Scale) en el que se encuentre el paciente. 

La atrofia cerebral caracteriza esta horrible enfermedad


El Alzheimer es una enfermedad de inicio insidioso que evoluciona lentamente durante las primeras fases, pero se agrava desde la mitad de la enfermedad en adelante, causando graves estragos a niveles fisiológicos, psicológicos y afectivos. En el transcurso de la enfermedad pueden distinguirse siete fases diferentes:

1º. Primera fase: inexistente. El paciente no muestra deterioro cognitivo. El cerebro no muestra anomalías anatómicas en los TACs. Presencia de pequeños grupos de placas seniles y ovillos neurofibrilares. Correspondiente a una Edad Mental (EM) de un adulto normal.

2º. Segunda fase: muy leve. El paciente presenta un déficit cognitivo muy leve, presentado en pequeñas pérdidas subjetivas de memoria como nombres, localización de objetos o citas. Fase entorrinal donde el neocórtex encuentra su masa reducida. Correspondiente a una EM de un anciano normal. 

3º. Tercera fase: ligero. El déficit cognitivo del paciente es leve aunque más evidente que en la fase anterior. El recuerdo de ciertos nombres y la ubicación de objetos siguen siendo difusos, el rendimiento laboral disminuye y puede existir cierta desorientación temporoespacial. El paciente, consciente de estos “fallos”, siente una leve ansiedad y emplea la negación como mecanismo de defensa. Comienza a verse afectado el sistema límbico, por lo que el sujeto puede experimentar ligeros cambios de personalidad y comportamiento. Correspondiente a una EM de un adulto joven. 

4º. Cuarta fase: moderado. Comienzan a manifestarse déficits más serios, como el olvido de hechos recientes, memoria episódica remota (sucesos biográficos), dificultad para concentrarse, incapacidad de hacer planes, resolución de problemas, afectividad lábil o embotada… Sigue empleando el mecanismo de negación, aunque el reconocimiento de rostros, personas y lugares conocidos permanece intacto. Correspondiente a una EM desde un adolescente hasta un  niño de 7 años.

5º. Quinta fase: moderado-grave. Los lóbulos frontales, parietales y temporales comienzan a verse anatómicamente afectados de gravedad. Se encuentra desorientado temporoespacialmente con frecuencia, es incapaz de recordar algunos aspectos de su vida cotidiana y necesita asistencia para ciertas tareas. Es capaz de recordar el nombre de miembros familiares y personas relevantes en su vida. Correspondiente a una EM de un niño de 7 a 5 años.

6º. Sexta fase: grave. El paciente es incapaz de recordar sucesos recientes, vive desorientado temporoespacialmente, necesita ayuda en actividades diarias, puede presentar incontinencia urinaria y/o fecal, presenta trastornos del ritmo diurno y cambios severos en la personalidad y afectividad como obsesiones, delirios, ansiedad, abulia y agresividad. Es capaz de retener algunos datos del pasado, recuerda su nombre, distingue familiares de desconocidos, y la conciencia aún no se ve afectada. Correspondiente a una EM de un niño de 5 a 2 años. 


7º. Séptima fase: muy grave. Pérdida total de las capacidades verbales (área de Broca gravemente deteriorada), pudiendo reducirse la comunicación a gruñidos, sonidos, vocabulario limitad y apenas inteligible. Funciones motoras, fisiológicas y neurológicas afectadas. Déficit cognitivo muy grave y pérdida de la conciencia. El cerebro muestra en los TACs una gran dilatación de los ventrículos y un ahondamiento de los giros y surcos, debido a que la degeneración neuronal es más evidente en estas zonas. Lóbulos frontales reducidos y anómalos. Correspondiente a una EM de un bebé de 2 años a neonato.

Las alucinaciones, delirios y confusión hacen que muchos de los afectados de EA perciban el mundo como un lugar amenazante, donde creen que hasta sus propios familiares quieren dañarles


La Enfermedad de Alzheimer interfiere con la capacidad funcional en el trabajo o en las actividades usuales, y representan un declive con respecto a los niveles previos de funcionalidad y rendimiento. No se explica por la presencia de un delirium ni de un trastorno psiquiátrico mayor. El deterioro cognitivo es detectado y diagnosticado a través de la combinación de la realización de una historia clínica con datos del paciente y de un informador reconocido, y una evaluación cognitiva objetiva, ya sea un examen del estado mental "de cabecera" o un testeado neuropsicológico. Debería llevarse a cabo un testeado neuropsicológico cuando la historia clínica rutinaria y el examen de cabecera del estado mental no puedan aportar un diagnóstico fiable.

El deterioro cognitivo-conductual incluye un mínimo de dos de los siguientes dominios:
Deterioro de la capacidad para adquirir y recordar información nueva; preguntas o conversaciones repetitivas, colocación errónea de pertenencias personales, olvido de sucesos o citas, perderse en una ruta familiar.
Deterioro del razonamiento y del manejo de tareas complejas, juicio empobrecido; mal entendimiento de riesgos de seguridad, incapacidad para el manejo de finanzas, capacidad empobrecida para la toma de decisiones, incapacidad para planear actividades complejas o secuenciales.
Deterioro de las capacidades visoespaciales; incapacidad para reconocer rostros u objetos comunes, o para encontrar objetos que están a la vista pese a una buena agudeza visual, incapacidad para operar con herramientas simples, o para orientar la ropa al cuerpo.
Deterioro de las funciones del lenguaje (hablar, leer, escribir); dificultad para encontrar las palabras adecuadas mientras se habla, vacilaciones; errores en el habla, en el deletreado y en la escritura.
Cambios en la personalidad, la conducta o el comportamiento; fluctuaciones insólitas del humor tales como agitación, deterioro de la motivación e iniciativa, apatía, pérdida de la iniciativa, retraimiento social, interés reducido en actividades anteriores, pérdida de empatía, conductas compulsivas u obsesivas, comportamientos socialmente inaceptables.


Confusión, miedo, depresión, ansiedad, desorientación... son algunas consecuencias de la EA

Y ahora, un ejercicio de empatía: imagina que un día te levantas, te miras en el espejo y no recuerdas tener todas esas manchas, arrugas y canas, porque tú eres joven. ¿Qué le ocurre a tu cuerpo? Paseas por tu casa, pero no sabes muy bien dónde está cada cosa, aunque sabes que eres tú quien ordena y  guarda todo en su sitio. Sales a la calle, y no reconoces a esa señora de la frutería que te ha saludado, o a ese quiosquero desconocido que te ha preguntado por tu familia. Qué raro es todo. Has tenido que dar varias vueltas por el barrio hasta reconocer el camino a tu casa, ese portal te resulta familiar y la llave encaja. "¿Dónde está mi marido?", te preguntas. Haces comida para cinco ("será la costumbre"), y no sabes por qué los filetes saben dulces cuando les has echado sal, ni por qué estás buscando en la nevera el mando de la televisión. "Qué despistes más tontos tengo a veces", te dices. Después te recuestas en el sofá, estás muy cansada, últimamente tienes muchísimo sueño, notas como que te cuesta estar despierta porque necesitas dormir.

Al rato, oyes unas llaves en la puerta principal de tu casa: alguien ha entrado sin tu permiso, y no esperabas ninguna visita. Han llegado un montón de personas, adultos y niños. Todos te saludan, te dan besos, te hablan como si te conocieran, y el caso es que te suenan sus caras, pero no aciertas a recordar quiénes son. Preguntas si tu marido volverá pronto, y uno de ellos se acerca a ti y te dice que murió hace dos años de un cáncer. No recuerdas que él muriera, la última vez que le viste estabais cenando en una terraza de la playa; lloras desconsoladamente, no entiendes qué está ocurriendo, quién es toda esta gente, y por qué no está tu marido, si "ayer" estaba bien. Además, esta gente no te deja hacer nada por ti misma, te dicen que estés sentada que ellos se encargan de la colada, de la limpieza, de hacer la compra... "sólo les falta darme de comer". Entiendes algunas palabras sueltas (horarios, sola, residencia, enferma...) que no terminas de enlazar, pero hay algo que por dentro te pone triste.

Con el paso del tiempo, lo que antes hacías a diario con suma facilidad te cuesta más, sigues buscando a tu marido, cada actividad es casi un reto. Otra vez, esos adultos que dicen ser tus hijos ("pero si yo tengo 20 años, yo no tengo hijos") te llevan a un edificio enorme, austero, lleno de gente desconocida, a hablar con un señor vestido de blanco. Te pide que hagas una serie de ejercicios sencillos, pero no recuerdas cómo se escribía tu nombre, en qué año estás, o si 25 es mayor que 5. El caso es que no vuelves a tu casa, a tu cama, a tus fotos de tu marido, a tus armarios ordenados; estás en otro edificio enorme, aún más feo, con gente vestida de blanco que ayuda a ancianos. No sabes dónde estás, ni por qué estás ahí, ni qué van a hacer contigo. Quién sabe si es una mafia, la misma que se llevó tu marido y quiere llevarte a ti.

Los días son eternos, te sientes un objeto al que visten, duchan, medican y alimentan. El sentimiento de soledad es el que te acompaña, y cada vez que alguien viene a visitarte te asustas o entristeces, porque ya no sabes ni contestar a sus preguntas. Les escuchas hablar, pero no les entiendes. Tu cuerpo cada día se te hace más pesado, te resulta imposible subir tres escalones o aguantar el equilibrio de pie. El sueño te abraza cada día, duermes más tiempo y más profundamente. Hasta que, finalmente, inerte y silenciosa en una cama, llegó el descanso que tu cuerpo necesitaba después de años de sufrimiento. 


Bienvenido a una experiencia Alzheimer.



A mi abuela, por ser una fuerte guerrera que pelea cada día contra esta puta enfermedad. Aunque no se acuerde de mí, ella sabe que yo la quiero con toda mi alma. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Amos peligrosos, perros peligrosos

Los perros pertenecientes a razas PPP (Perro Potencialmente Peligroso) no significa que estén "destinados a ser malos", nada más lejos de la realidad. Se categoriza de PPP a aquellas razas que, si cayeran en malas manos, podrían utilizarse como arma blanca. Un perro siempre, sea de la raza que sea, se convertirá en lo que su amo haga con él.  Los perros de presa, de caza y semejantes suelen ser muy buenos compañeros, sociables, cariñosos, obedientes, respetuosos y protectores de su familia. Actualmente en España se considera Perro Potencialmente Peligroso aquel que posea todas o la mayoría de estas características:
- Musculosos, aspecto robusto, atléticos, ágiles, vigorosos y resistentes.
- Carácter marcado y gran valor.
- Pelo corto.
- Perímetro torácico entre 60-80cm, altura a la cruz de 50-70cm, peso superior a 20kg.
- Cabeza voluminosa, cráneo ancho, belfos musculosos y abombados.
- Mandíbulas grandes y fuertes, boca ancha y profunda.
- Cuello corto, musculoso, ancho.
- Pecho macizo, grande, costillas arqueadas, lomo musculado y corto.
- Extremidades anteriores paralelas, rectas y robustas. Extremidades posteriores musculosas, patas relativamente largas formando un ángulo moderado.

Muchísimos perros podrían meterse en este "saco" de peligrosidad si atendiéramos a las características: los bulldogs inglés y francés son pequeños pero muy musculosos, el carlino tiene el cuello corto, los mastines tienen un cabezón enorme, los pastores belgas son robustos, atléticos, ágiles, resistentes... el dogo alemán sobrepasa las características de perímetro, altura y peso, la mitad de los perros son de pelo corto, y cualquier perro que haya sido cuidado y querido protegería con valor a su amo. Casi cualquier perro podría ser un perro peligroso, desde el chihuahua más pequeño hasta el terranova más grande, pero al igual que los niños, de su educación dependerá su carácter y sus costumbres. A continuación describo algunas de las razas consideradas PPP o que podrían serlo:

Durante el siglo XIX, en Inglaterra y Escocia se hicieron múltiples cruces de bulldogs y otros perros de presa buscando el perro ideal, que pudiera hacer las veces de niñera, y a la vez protegiera el territorio del amo. En ese momento, nacieron razas como el pitbull o el staffordshire bull terrier.

El origen del pitbull: cuidar de los más pequeños

El rottweiler se utilizaba desde tiempos romanos para pastorear el ganado, proteger aldeas y, más tarde en Alemania, empezaron a emplearse para proteger a sus amos y fincas. Incluso llegaron a utilizarse como "perros de tracción". A finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la raza estuvo a punto de extinguirse, se encontró que los rottweilers también podían cumplir con el servicio de perros policía debido a su robustez, fidelidad y obediencia. Durante la I y II Guerras Mundiales  los rottweilers fueron empleados en servicios de mensajería, ambulancias y guardias.

Robusto y sereno, el rottweiler es un compañero de vida genial

El dobermann es una modificación genética fruto de cruces entre las razas rottweiler, beauceron, galgo y pinscher. Inicialmente esta raza la creó un cobrador de impuestos para asegurarse de que estaría protegido acompañado de su perro, pero con el tiempo se ha hecho un compañero de hogar ideal para dueños con buen temperamento y tranquilos. Es falsa la creencia de que los dobermann son emocionalmente inestables, así como el mito de que "se vuelven locos" porque les crezca más la masa cerebral que el cráneo debido a las modificaciones genéticas; contrario a todo esto, el dobermann es un perro altamente inteligente, capaz de aprender más de 30 órdenes, muy sensible, buscando siempre la estabilidad y tranquilidad. Es altamente protector de su amo y quienes considera su manada (animal o humana), siendo de carácter valiente, enérgico, decidido y orgulloso.

Lejos de los mitos, los dobermanns son muy sensibles y con una alta inteligencia emocional

Los bull terriers también están en la lista de los PPP. Son perros con una gran potencia física, muy activos, enérgicos, curiosos y protectores. La raza surgió en Irlanda a mediados del siglo XIX, cruce de las razas bulldog inglés, english white terrier, dálmata y posiblemente el galgo inglés. Inicialmente los bull terriers sólo eran de color blanco, y no fue hasta el siglo XX que surgieron las demás variedades de color. El propósito inicial de los bull terrier era ser un perro doméstico de compañía, pero con el paso del tiempo y el auge de las peleas de perros, comenzaron a utilizarse para este fin debido a su fuerza muscular, su torso cuadrado y sus fuertes mandíbulas. Los bull terrier se consideran agresivos y peligrosos debido a este oscuro pasado, pero si desde cachorros son socializados, bien cuidados y tratados con cariño y respeto son compañeros muy amigables, dependientes de sus amos y mimosos. Debido a la enorme cantidad de energía que tiene esta raza, es una idea estupenda pasar tiempo juntos saliendo a hacer ejercicio, jugar, correr... Requieren mucha compañía debido a esta necesidad del amo, por lo que si con frecuencia son dejados solos durante mucho tiempo pueden padecer depresión o estrés, manifestándose rompiendo objetos (inmobiliario, alfombras, juguetes...), o incluso autoagrediéndose.

El bull terrier tiene un perfil característico, debido a su cabeza ovalada y ojos triangulares

Por increíble que parezca, el akita inu (perro de Akita) también es considerado un perro potencialmente peligroso. Aunque es semejante a los perros de tipo nórdico como el husky, el malamute, el perro de Groenlandia o el samoyedo (ninguno de ellos considerados PPP), el akita es originario de Japón. Se cree que en sus inicios se empleaba en la caza mayor y como perro de defensa y ataque. De carácter tranquilo y equilibrado, es apegado a su familia y a su amo, por lo que si encuentra que éste está siendo amenazado no dudará un segundo en defenderle. Son silenciosos, poco ladradores, fáciles de entrenar, cariñosos con los conocidos y desconfiados con extraños. Es un perro dotado de toneladas de paciencia, por lo que es ideal para acompañar a los niños en sus juegos, pudiendo convertirse en inseparables amigos. Son sumamente inteligentes, y su sentido de la lealtad y fidelidad es tan fuerte que pueden dar su vida por sus familiares si se encontraran en peligro.

La historia de Hachiko es una de las más gráficas y entrañables sobre la fidelidad de estos perros

El dogo argentino surgió a principios del siglo XX en Argentina como el propio nombre indica. Cruce de diferentes razas de presa y caza (bull terrier, bulldog inglés, perro de pelea cordobés, alano español, mastín español, pointer...), su creador pretendía encontrar al mejor perro de presa, con mayor potencia y fuerza, con habilidades y olfato para cazar. Comenzó empleándose esta raza para la caza mayor, a partir de la cual desarrollaron la capacidad de trabajar en equipo, el coraje y valentía, el sentimiento de manada, el sentido de la protección... Actualmente esta raza, considerada "de trabajo", se entrena también para búsqueda y rescate, servicio policial o servicio y trabajo militar. Son de carácter cariñoso y fiel, grandes protectores de su familia, especialmente de los niños. Conviven bien con otros perros y mascotas si son adecuadamente socializados, pueden llegar a defender a las mascotas como parte de la familia si éstas están en riesgo.

A pesar de su aspecto bravo, son perros muy afectuosos con su familia

Finalmente, el fila brasileño es otro moloso considerado potencialmente peligroso. Caracterizado por sus enormes dimensiones y el grosor y tamaño de su piel, los filas son sumamente dependientes de su amo, grandes guardianes y protectores. Surgieron del cruce entre el antiguo bulldog, el mastín y el bloodhound, se los cuales heredó un fuerte temperamento, la fuerza muscular y una capacitad olfativa ideal para seguir rastros. Su enorme tamaño y masa muscular hace del fila brasileño un perro potente, generalmente son de carácter pacífico, cariñoso, amigable y protector.

Con su tamaño y su carácter, los filas brasileños son... ¡ABRAZABLES!

Estas son las principales razas consideradas PPP en España, aunque también pueden englobarse el presa canario, el boxer, el bullmastiff, el mastín napolitano, el tosa inu o el american staffordshire terrier. Como veis, todos son de carácter cariñoso, protector y fiel, pero podrían ser un peligro si cayeran en manos cuyas intenciones no fueran buenas. No sigamos tachando a los perros de peligrosos por su raza: los que pueden ser peligrosos son sus dueños, no ellos.

La lucha por la eliminación de estas etiquetas y prejuicios depende de nosotros, de lo que queramos transmitir a los demás, de la educación que le demos a nuestros perros, y de la normalización de estas razas en sociedad.


Con las personas y los animales, ¡no juzgues sin conocer!

A mi amiga Nerea, que con el sudor de su frente y su sacrificio ayudando a los perros PPP hace una enorme labor en el refugio rehabilitando perros miedosos y agresivos. GRACIAS por dedicarte a ellos en cuerpo y alma, sin ti algunos de ellos no tendrían ninguna oportunidad.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Por ellos

No me he parado a presentar aquí a mi manada, y me parece muy feo por mi parte porque sin ellos yo no sería la persona en la que me he convertido, no habría motivos para luchar, para defender y cuidar a otros que, por desgracia, no tienen tanta suerte. Ellos lo son todo, porque sin mi manada, esto no tendría sentido.

Esta es mi preciosa Huma, con ella empezó mi verdadera historia con las mascotas, y ella fundó la manada. El día que la conocí, hace ocho años y medio, no era consciente de la aventura que iba a comenzar.
Aproveché que mis padres se fueron de viaje y nos dejaron a mi hermana y a mí en casa de mi tía, que adora los animales y a los gatos por encima de todo. Ella sabía las ganas que yo tenía de tener una mascota y casualmente, al acompañarla en un paseo, vimos un cartel de "se venden gatitos cruce de angora y persa". Y ahí, algo me llamó. No sé qué fue, pero me llamó. No hizo falta mucho esfuerzo para convencerla e ir a verlos, y cuando llegamos a casa del dueño allí estaban ellos: seis preciosos gatitos de apenas un mes, aún cieguitos y torpes caminando. Había un gatito rubio, otro atigrado, dos careys, uno marrón... y mi pequeña Huma. No tenía ojos para los demás, porque Huma fue mi flechazo, vino directa a mí. Yo iba con intención de llamarla Kaly, pero cuando la vi con tantos tonos de gris y blanco, tan suave, tan parecida a una pelusa, y grácil como el humo, me di cuenta de que ya venía con el nombre puesto. En ese momento comenzó mi batalla para convencer a mis padres, y gracias a la ayuda de mi tía Huma llegó a mi casa un caluroso 25 de agosto.

En estos ocho años, ella me ha enseñado muchas cosas. Me enseñó la paciencia que hay que tener para enseñar a un animal, para que se acostumbre a ti, para no agobiarle con mimos. Me enseñó la alegría que es estar en la cama a punto de dormirte, y sonreír porque ella ha llegado para acariciarte, acurrucarse en tu barriga y ronronear hasta quedarse dormida. Me enseñó también lo que es sufrir por un ser no humano: cuando tenía seis meses se cayó por la ventana del ático un 23 de diciembre, y pensé que no saldría de esa, porque era una cachorra y estaba muy alto; eso también me dio a conocer el sentimiento de culpabilidad. Me enseñó lo que es ser responsable de otro ser que no fuera yo misma, porque de mí dependía su comida, sus nudos en el pelo, su salud llevándola al veterinario, y mil cosas más. Me enseñó que los animales también tienen una personalidad y carácter únicos: yo debía saber cuándo ella quería mimos y cuándo quería que la dejara tranquila. También me enseñó que el tiempo cambia a la gente, y ella con el tiempo pasó de ser completamente independiente, a ser prácticamente mi sombra, pidiendo siempre caricias y atención.

Cuatro años después, en verano de 2009, llegó lo que estuve esperando impaciente durante dieciocho años: mi perro, mi cachorro Bronx. Sólo él sabe todo lo que yo sufrí por él, todo lo que lloré, todo lo que aguanté. Sólo él conoce mis noches sin dormir, mis eternos soliloquios con él, mi amor verdadero hacia un animal. Sólo él sabe que le echo de menos cada día desde que no está. Bronx se marchó en marzo de 2010, dejando un vacío inmenso en mí, un sentimiento de soledad que no me dejaba respirar, y una tristeza de la que me costó sangre y lágrimas salir. Apenas estuvimos juntos ocho meses, pero esos ocho meses fue la lección más importante de mi vida, que no podría haber aprendido de otra manera. Él me enseñó lo que es la fuerza de voluntad, el sacrificio personal, el entregarse en cuerpo y alma a una causa; él, por increíble que ahora suene, me enseñó lo que es la felicidad plena, y a la vez, el dolor más insoportable. Me enseñó muchas cosas, que algún día publicaré en una entrada sólo para él, pero sobre todo, me enseñó que ninguna causa es perdida, ninguna lágrima es en vano, y hay que ser fuerte ante la adversidad. Me enseñó también hasta dónde hay que saber luchar, porque cuando la Madre Naturaleza decide cuál será el camino de cada uno, de nada sirve pelear, negarlo. Me enseñó a decir adiós a lo que más he querido en mi vida.

Gracias a Bronx aprendí que debo vivir cada día en paz, disfrutar de mi manada, porque algún día ellos también se marcharán. Luché por su vida, y aunque perdí la batalla, entendí que la vida de Bronx llegó a mi camino para enseñarme que hay  que ser humilde, ayudar a quien más lo necesita, y sobre todo, hay que saber amar. Fue una visita fugaz, el capítulo de oro más agridulce de mi libro, pero el que más amor me dio. Y por eso le recuerdo cada día, porque si hoy soy así, es gracias a él. A mi eterno cachorro.

Y meses después de la muerte de Bronx, en verano de 2010, llegó Tyson. Nada hubiera arreglado mi corazón si no hubiera sido él. Estoy segura de que el destino, la Madre Naturaleza, o el karma, me enviaron a Tyson. No es casualidad que él naciera unos días antes del que sería el primer cumpleaños de Bronx, ni es casualidad que él sea como es él, ni es casualidad que llegara en el momento que más le necesitaba. Yo creo que Bronx, esté donde esté, me mandó a Tyson para ayudarme a cerrar su capítulo, y abrir uno nuevo. Recuerdo que cuando Tyson llegó yo me enfadaba mucho con él, me frustraba, me ponía triste, y no quería ni verle en ocasiones; porque yo seguía echando de menos a Bronx, y le buscaba en los ojos de Tyson, en cada juego, en cada movimiento. Pero no era Bronx, eran perros completamente opuestos. Bronx era tranquilo, paciente, sosegado, transmitía mucha paz y armonía; Tyson era un terremoto, pura energía y vitalidad, era un juego constante... Hasta que un tiempo después llegó una señal, una mirada, que me hizo comprender que nunca podría sustituir a Bronx, que debía cerrar esa herida para darle a Tyson todo el amor que un día le dí a Bronx. Y así, despacito pero con cariño, esa tristeza desapareció gracias a Tyson. 

Hoy Tyson es mi motivo para levantarme cada día, mi consuelo cuando estoy triste, mi compañero de juegos, paseos y risas. Es la mejor de mis medicinas, y al que también tengo mucho que agradecer. Lo más bonito del mundo, mi bebé de noventa kilos.

Después de incorporarse Tyson a mi manada, tenía claro que no podrían entrar más animales en casa, ya era un mérito apreciable conseguir que me dejaran tener una gata y un perrazo. Pero el 1 de diciembre también de 2010, llegó una sorpresa inesperada.

 Casualidades de la vida, nunca abro eventos de Tuenti o Facebook, ni si quiera me molesto en ver de qué van. Pero el 30 de noviembre llegó una invitación que, no sé por qué, leí. Una gatita de apenas dos meses había aparecido bajo la lluvia en la carretera de Montecarmelo, sola, empapada, y probablemente enferma. Una pareja la tenía en acogida pero no podían quedársela y necesitaban urgentemente que alguien se la llevara porque no podía seguir en casa. No había una foto adjunta al evento, ni una descripción de la gatita, pero esa breve historia me partió el alma. Estuve toda la noche sin dormir, dando vueltas a la cabeza, pensando que no es justo que un gatito tan pequeño ya conociera tanta maldad. Así que sin pensarlo más, al día siguiente por la tarde, cogí a mi mejor amiga, a mi hermana, y montamos en mi coche (yo llevaba una semana de carnet y era la primera vez que lo cogía sola y sin su permiso, así que para mí fue una aventura). Llegamos a la casa donde estaba la gatita, y ahí estaba: hecha una bolita, despeinada, plagada de bichos, con la barriga hinchada de la cantidad de gusanos que debía de tener, temblorosa y sin parar de maullar. Como no teníamos transportín, la metimos en el gorro que llevaba mi hermana, y de cabeza al veterinario. Allí me confirmaron que tenía parásitos, que no tendría más de un mes y medio y que cabía la posibilidad de que muriera. Eso, y la bronca descomunal que habría en mi casa, así que me las ingenié.

Quedaban doce días para el cumpleaños de mi padre. Él siempre se quejaba de que le regalábamos lo mismo, que no teníamos ideas originales, ni detalles sorprendentes... Un chispazo en mi cabeza, y con todo el morro del mundo (porque hay que tener mucha cara para hacer eso), le dije "papá, sé que faltan unos días para tu cumple, pero no me aguanto las ganas de darte tu regalo. Siempre dices que te regalamos lo mismo, así que quiero darte hoy la sorpresa... Cierra los ojos y pon las manos". Acto seguido se enfadó un montón al ver a la gatita, pero tras contarle su historia, y dejar un rato a la gata en su regazo, conseguimos que se quedara en la familia. Como era el regalo de mi padre dejamos que él le pusiera el nombre, y aunque mi hermana quería llamarla Bageerah, mi padre la llamó Lucy. Tiene muchos significados ese nombre: mi padre dice que es Lucy, porque tiene los ojos achinados como Lucy Liu; mi hermana dice que es Lucy de Lucía o Luciérnagas, porque es gracioso; pero yo la llamo Lucy de Lucifer, porque es mala como el hambre.

Hoy, Lucy es la alegría de la huerta, el alma de la fiesta. Todos los días hace algo que te hace reír: se mete conmigo en la ducha, persigue a Huma, putea a Tyson como puede, pide comida de formas nuevas, o simplemente, parlotea y hace el tonto. Lucy fue mi primera mascota adoptada, y al ver lo agradecida que es, lo cariñosa y simpática a la vez que trasto y arrabalera, me hizo pensar en por qué seguir comprando animales, si se pueden adoptar.

Poco a poco me metí en el mundillo de la lucha por los derechos animales, los centros de adopción, la situación de los animales maltratados y abandonados, y decidí empezar de voluntaria en el CIAAM en enero de 2013. Con adoptar a Lucy de la calle, y leer cosas sobre el maltrato animal para mí no era suficiente: tenía que hacer algo más. Quería cuidar a otros perros, como cuidé a mi Bronx, y darles el cariño que les falta a los animales abandonados. Como no podía tener más animales pero quería hacer algo por ellos, pensé que si la montaña no va a Mahoma, pues Mahoma se va a la montaña. Y comenzó la evolución.

Recuerdo que el día que llegué al CIAAM para hacerme voluntaria vi a Helena paseando con dos perros. Me acerqué a ella para decirle que quería ser voluntaria, y su respuesta fue "estupendo, pues sube que vamos a trabajar. Toma, este es Melón". Helena estaba sacando a Melón y a Glotona, pero se me cayó el alma a los pies al ver a un perro tan grande, negro, con una oreja rota y la otra caída, la cara llena de canas, y caminando despacito a mi lado. Algo hizo "click" en mi cabeza, que desde ese preciso momento, empecé a querer a Melón. He conocido cientos de perros en el tiempo que llevo en el CIAAM, grandes, pequeños, cachorros, abueletes, mimosos, hiperactivos... pero yo seguía pensando en Melón, en aquel abuelo mestizo de mil razas que conocí en enero. No siempre que iba al CIAAM le tocaba salir y podía sacarle, pero siempre que iba necesitaba verle, aunque fuera de lejos, para saber que estaba bien. Y cada vez que le sacaba, sentía algo raro, como una conexión con él que no tenía con ningún otro animal. Ya conté la historia de Melón en otra entrada de este blog, y cuando la oí por primera vez casi se me escapa una lágrima. Con doce años, ¿cómo podía haber sufrido tanto un animal, y seguir siendo bueno en lugar de ser agresivo o miedoso? ¿Cómo puede haberle dejado alguien tantos años atado a un poste, sin importarle, sin quererle? ¿Cómo pueden haber pasado tres años desde que llegó al refugio, y que nadie hubiera preguntado ni si quiera una vez por él? Pensé que Melón era maravilloso y que algún día encontraría a una familia que le quisiera. Pero llegó el verano, y el humor de Melón cambió. Ya no quería pasear nada, no quería jugar en el patio, no le apetecía salir a que le tocara aunque fuera a través de los barrotes; Melón estaba todo el día tumbado, con aire triste. Me di cuenta de que Melón no tenía ganas de luchar y se estaba dejando morir, y eso cayó en mi conciencia como cuatro toneladas de culpabilidad.

Comenzó la batalla por Melón. En casa no iban a dejarme adoptarle, ya tenía dos gatas y un perro gigante, a mis padres no les gustan mucho los animales, y cuando les dije que Melón tiene 12 años me dijeron que ni de coña, "que si se muere en dos meses menudo disgusto para nada". ¿Para nada? Melón no había conocido la felicidad en doce años, no sabía lo que era un amo responsable, pasear todos los días, no pasar hambre o frío, no tener miedo, o dormir tranquilo porque estaba seguro en una casa. No sabía qué es que un humano le quiera de verdad por lo que es. Es muy grande, es negro, es muy mayor, suelta mucho pelo, es mestizo y no sabíamos cómo reaccionaría en una situación tan extraña para él, pero a mí no me importaba. Y cuando conseguí adoptarle, Melón empezó a vivir de verdad. Es feliz, juega con Tyson, pide mimos constantemente, duerme y come bien, pasea de maravilla, busca estar acompañado y quiere a cada miembro humano o animal de casa. Ha recuperado las ganas de vivir, se ha quitado diez años de encima, y es un perro completamente nuevo.

Cada día que le miro hay algo que me conmueve, que me toca el alma y me saca una sonrisa, a veces incluso una lagrimilla. Es un sentimiento muy grande, que debería conocer algún día todo el mundo.



Esta es la historia de mi manada, de los que están, de nuestra vida en familia, de lo que me inspira cada uno, de lo que aprendo de ellos, y de lo fuerte que me siento gracias a ellos. Yo cambié sus vidas, y ellos han cambiado mi vida. Ellos son terapia para mí, son el agua y el aire que necesito, la energía que hace que me levante cada día. Son la sonrisa de mi boca, son mi felicidad, son mi vida. Sin ellos, la filosofía sería diferente, yo sería distinta, me faltarían lecciones por saber que no se aprenden con humanos. Cada día lo doy todo por ellos, les digo que les quiero, les abrazo, les besuqueo, porque no sé qué ocurrirá mañana, pero Bronx me enseñó que el amor que doy es agradecido, y me lo devuelven con creces.


Porque sin animales, la vida no tendría sentido.