El día menos pensado voy a ser yo quien abandone a un humano. La que decida "lárgate, que ya no me sirves y nunca te he querido de verdad". A quien no le importe qué será de la vida de ese humano abandonado, porque no tenga vergüenza, sentimientos ni conciencia.
A ti, abandonador, me gustaría traerte a tu perro, al que has dejado tirado en cualquier perrera entre ruidos, frío, miedo e insalubridad. Me gustaría decirte las calamidades por las que pasa cada día, lo solo que se siente, las enfermedades que haya pasado, las heridas que le hayan curado. Y lo preocupante es que, en algunos casos, te echan de menos, a pesar de lo cruel que has sido. Tú, que no sientes ni padeces, me gustaría que fueras tú mismo el que entierre el cuerpo del que fue tu perro, porque ha muerto de alguna enfermedad, porque se ha enzarzado en una pelea que ha perdido, porque se contagió de leishmania, porque se ha vuelto tan agresivo que era inmanejable, o peor, ha muerto ya de viejo, porque nadie quiso darle otra oportunidad.
A ti, maltratador, me gustaría que sintieras el miedo que tiene este animal por culpa de tus golpes. ¿Qué digo miedo? Algunos sufren auténtico TERROR, su vida es una constante pesadilla. Tus patadas, tus gritos, tu cadena que le ataba a una pared, tu falta de responsabilidad y tu falta de sensibilidad al verle morir de frío o hambre, han hecho que este perro no pueda volver a fiarse de un humano nunca más. Que ahora que ha cicatrizado la herida que has dejado alrededor de su cuello, le deja marcado de por vida por fuera y por dentro. Somos nosotros, quienes amamos a los animales, los que intentamos arreglar lo que tú destruiste: sus ganas de vivir, su personalidad, y su capacidad para disfrutar de cualquier juego, caricia o comida. Somos nosotros los que nos dejamos la piel y nos rompemos la cabeza pensando cómo hacer para recuperar a ese perro, que cada vez que le miras se esconde y mete el rabo (si no se lo has mutilado, claro) entre las patas, que camina como deseando que nadie se dé cuenta de que está ahí, y que a cada gesto agacha la cabeza, como esperando recibir otro golpe.
A ti, que utilizas a tus perros como herramientas y que tratas como tal, que no te importa si tiene miedo o necesita una caricia, y que cuando deja de ser útil, o pequeño, o mono, lo atas a un árbol, lo matas directamente o lo abandonas en una carretera (que, al fin y al cabo, son todos lo mismo). Me gustaría que sintieras en tus carnes esa soledad, ese miedo y esa necesidad de buscarse la vida para sobrevivir.
A ti, que te compraste un pitbull y no supiste educarlo, y lo sacrificas porque "es muy agresivo y peligroso". A ti, que le regalaste a tus hijos un cachorro por Navidad y ya se han cansado, y lo dejas en una perrera. A ti, que quisiste un perro de raza para fanfarronear con tus conocidos, y lo tienes malviviendo en un balcón o solo en el garaje.
Se me cae el alma a los pies cuando veo a todos estos perros, cuando los dejo en el chenil, cuando te miran a los ojos suplicando que le saques y no vuelvas a separarte de él. Yo les pido perdón por haber topado con la vergüenza de la raza humana, pero deberíais ser vosotros quienes se avergonzaran, se arrepintieran, quienes pidieran perdón e intentaran arreglar las calamidades que han provocado.
A todos vosotros, os deseo mucho karma, porque la vida devuelve lo que cada uno da.



